
La vida te presenta situaciones que en el momento no tienen explicación: como quedar embarazada después de mucho buscarlo y que justo te echen del trabajo. O que por más capacidades que tengas, nadie te contrate y que cuando finalmente encontrás trabajo, la empresa cierre.
Para una mujer volver al mercado laboral con un hijo chico suele ser complicado. Entre hormonas, adaptaciones, resfríos y mocos, muchas empresas no pueden lidiar con eso. Pero a la vida le encanta sacarte de tu zona de confort y a veces, lo que parece el peor momento resulta ser el mejor: te quedás con los clientes, empezás a trabajar desde casa, y construís algo tuyo (entre terapias, diagnósticos, dos hijos y todo lo que implica sostener una familia).
Pero un proyecto no se construye solo y es ahí cuando aparecen los socios. Están los que usaron a Tarsio como trampolín hacia otra cosa, y el que siempre estuvo y se quedó. El que siempre resolvía todo en cada empresa donde trabajaba, y siempre terminaba agotado por eso. Cuya última empresa cerró de un día para el otro cuando perdió sus dos clientes principales, de la noche a la mañana, afuera.
Y ahí entendimos algo: trabajar para otro tampoco es una certeza. Pero nosotros sí éramos una certeza y Tarsio también.
Hoy no solo tenemos más de un producto, hemos pasado por la vida de muchas empresas familiares. Llevamos más de una década ayudando a organizaciones a trabajar mejor. Sin grandes estructuras, sin promesas vacías, con experiencia real, ganada de la manera difícil.
Acompañarte en la construcción de procesos eficientes, claros y sostenibles en el tiempo
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